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1.6.2009
Leo en las páginas de opinión una reflexión de Milagros Pérez Oliva, defensora del lector, sobre mi protesta contra la actitud del crítico de El País, Carlos Boyero, y su Director de Cultura, Borja Hermoso. Lo primero es agradecerle la atención que ha prestado al asunto, especialmente dándole voz, además del propio Boyero al maestro Román Gubern, el cual ha llevado a cabo un análisis tan elegante como sutil y justo. Lo cito textualmente: “El Libro de Estilo obliga a diferenciar claramente entre información, crónica y opinión… la crónica debe ir titulada en letra redonda, no suele utilizar la primera persona y es interpretativa pero ha de aportar los datos y las razones que justifican esa interpretación. La opinión, incluida la crítica, debe titularse en letra cursiva. Siendo el estilo de Boyero tan manifiestamente subjetivo, sus críticas deberían presentarse siempre en forma de clara opinión”.
Esto debería poner punto y final al asunto que nos ocupa.
De todos modos, me gustaría comentar y matizar algunos aspectos de su artículo.
ETICA Y NOSTALGIA
Insisto, además del estilo, todo lo que estoy escribiendo estos días es de un problema ETICO. Insisto, porque veo que soy el único que utiliza esta palabra. Mi protesta contra Boyero y Hermoso no es sólo por la actitud insoportable que estas dos personas manifiestan hacia mí, sino por el uso que hacen del poder que le proporcionan sus respectivos puestos en El País. Y eso es una cuestión ética.
Y considero que esto también le incumbe al lector, el lector es también víctima de estos abusos. |
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Como lector de El País desde sus comienzos, lamento el deterioro progresivo de sus páginas de cultura. Y el éxito de aquello que justamente combatía El País cuando se fundó, el amarillismo, el sensacionalismo, los malos modos literarios, el tono grueso, la banalidad, etc. El País original luchaba contra todo esto y me entristece comprobar que paulatinamente el estilo contra el que luchaba aparece en algunas páginas del periódico. No afirmo que El País se haya convertido en su contrario, no, sino que la presencia de Boyero y Hermoso demuestran lo opuesto a lo que el periódico original pretendía, y que éstos han acabado contaminando la sección donde trabajan. Y que esta situación es lamentable, triste y preocupante para el lector. Cuando digo lector, me refiero a mí mismo, pero me consta expresamente que no soy el único que piensa así.
Dice que a lo largo de la semana ha recibido “cartas y llamadas que coinciden en buena parte con los argumentos de Almodóvar. Obviamente siendo la mía una figura creada para atender quejas, no he recibido expresiones de adhesión”.
A lo largo de estos días yo sí he recibido muchos mensajes y cartas de adhesión. No creo necesario darle nombres, pero todos procedían de miembros de la cultura, escritores, actores y cineastas, básicamente, que están hartos de la situación que actualmente vive la sección cultural de nuestro principal periódico. Probablemente esto no sea un argumento. Pero es una realidad relevante, se lo aseguro.
LIBERTAD DE EXPRESION
Vd. afirma que la mejor defensa de los lectores es la defensa de la libertad de expresión. Vale. Pero eso ya lo doy por descontado. Vivimos desde hace años en un ámbito democrático que nos hace posibles a todos, a Vd. como defensora del lector, a Carlos Boyero como crítico, al propio El País, y a mí cono cineasta. De no existir dicha libertad yo no podría haber rodado una sola de mis películas, doy por hecho que esa libertad está ahí, no me parece significativa como defensa porque la libertad de expresión es la base sin la que este debate no existiría, es algo “previo” a este debate. No me malinterprete, por favor, pero donde más oigo hablar de libertad de expresión es en los peores programas de telebasura. Todo es posible, en ese tipo de programas, acogiéndose siempre a dicha libertad. |
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Perdone que sea pesado y me autocite, ¿se le puede llamar libertad de expresión a un artículo en el que se me trata con la mayor vileza por el mero hecho de recibir un homenaje espontáneo en Cannes-2004, en sus calles, en sus edificios, en sus tiendas, en el propio escenario del Grand Palais? Estará conmigo que en este caso, el periodista Boyero debe informar de lo que encuentra importante ( y que un director español reciba semejante homenaje lo es. Y no es porque sea yo. Simplemente, no ha ocurrido nunca) o callarse si no le gusta. En este caso no es cuestión de libertad de expresión, en su neurótico artículo Boyero está faltando a la verdad, con una información tan sesgada y gratuita que lo único que demuestra es su incontenible hostilidad hacia mí. ¿Puede convivir la libertad de expresión con la falta de rigor informativo y de sentido ético? Creo que no. Ya sé. El medio era distinto, pero el autor el mismo.
SUBJETIVIDAD
Pensando en los lectores, ya que Vd. es su defensora, ¿no cree que la crítica de Boyero a mi película cuando se estrenó en Madrid es una clara exposición de que él no era la persona adecuada para escribirla? Aquí aparece otro de los términos claves, subjetividad. En este caso su subjetividad se confunde con hostilidad y mala uva. Creo que lo más prudente hubiera sido que su jefe, leyendo semejante cúmulo de descalificaciones (me niego a llamarla crítica, porque lo repetiré siempre NO LO ES!!) debería haber encargado este trabajo a otro crítico más imparcial y publicar el material de Boyero en el apartado de opinión. Pero no lo hizo así. Porque justamente su jefe es su íntimo amigo Borja Hermoso. Dadas todas estas circunstancias, ¿dónde situamos la libertad de expresión, la subjetividad, la ética profesional, la información como reflejo de la verdad, etc, etc?. |
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ME LLAMO CARLOS BOYERO
“Nadie me va a imponer un estilo” dice Vd. que dice Boyero. Lejos de mí esa intención. No creo que fuera capaz, él mismo lo dice: “no quiero y no puedo. Me llamo Carlos Boyero”. No voy a comentar la coda final “Me llamo Carlos Boyero”, toda una declaración de principios.
Sra. Defensora del Lector, no es una cuestión de culturas, es una cuestión de tono. El tono de Boyero y Hermoso choca contra el resto del periódico; de eso, y de su pobreza informativa, es de lo que nos quejamos los lectores. El Sr. Boyero debe seguir cultivándose a sí mismo, pero lamentamos que lo haga en un medio como El País.
JUEVES POR LA MAÑANA. JUEVES POR LA NOCHE
Hay una matización importante a su texto de hoy, domingo. La cito: “El jueves, el diario publicó una información titulada “Almodóvar carga contra la información de cine de El País”,
en la que recogía un comunicado del Comité de Redacción en defensa de los dos periodistas. Las 131.000 visitas que esta noticia tuvo en su versión digital indican la intensidad de la polémica”.
Esto no es correcto. Vd. ha unido dos informaciones muy distintas en forma y contenido: una, la que aparecía en El País, versión digital e impresa, con el titular que Vd. menciona. Este artículo tendencioso, mentiroso y manipulador provocó mi segunda reacción, publicada en mi blog. Esta reacción apareció en mi blog
entre las siete y media y ocho de ese mismo jueves. A las nueve de la noche, siempre el mismo jueves, salió otro artículo, exclusivamente en Elpaís.com, de signo totalmente opuesto, que nunca se publicó en El País, versión impresa. Este es el artículo que obtuvo 131.000 visitas. En él me citaban con inteligencia y precisión, extractaban los párrafos más representativos de mi segunda reacción de acuerdo con su interés objetivo, y el resultado era el opuesto al del primer artículo. |
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El titular del primero, el impreso, era: Almodóvar carga contra la información de cine de El País.
El del segundo, el tan visitado del digital, decía: Almodóvar carga contra la cobertura de El País sobre el Festival de Cannes.
La diferencia como he explicado no estaba sólo en el título. Las intenciones también eran opuestas. El primer artículo, el impreso, desde el título todo era malintencionado. Insistían en que el lector creyera que yo había comparado a El País con la COPE. Quien se haya tomado la molestia de leer mi blog verá que esto es mentira. Otra de sus intenciones era extender la idea de que mi reacción era una pataleta. Esta sí ha calado algo más, en gente muy ajena al mundo del celuloide y de ideología inequívocamente reaccionaria. Esta ideología, en su manifestación bloguera, guarda en común con Boyero-Hermoso que a todos les molesta el cine español.
En el primer artículo hacían mención de pasada al Comité de Redacción que me envió la carta infame.
A propósito, ¿quién le pide cuentas a este comité, ya desaparecido, cuya intervención nefasta, torpe, equivocada, manipuladora, humillante y corporativista tiene el descaro de publicar su “Defensa de Carlos Boyero y Borja Hermoso” en la página de Cultura, de cuya sección es jefe Borja Hermoso? ¿Cómo encaja esto en la defensa de la libertad de expresión?
El segundo artículo, el muy visitado, escruta de un modo detallado y sin ánimo manipulador mi reacción al artículo de la mañana y desde luego su autor adopta un frío punto de vista opuesto al del Comité de Redacción, y al artículo impreso. No hubiera estado de más, dada la popularidad de dicho artículo, que lo hubieran pasado al papel, en el mismo lugar donde se imprimió el primero. |
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CRITICA DE SENSIBILIDAD
Es muy interesante lo que apunta mi admirado catedrático Román Gubern, otro modelo de versatilidad y flexibilidad crítica, en su análisis del caso, al afirmar que “Boyero significa en realidad una vuelta a la crítica de sensibilidad. Este tipo de crítica, centrada en el gusto subjetivo, tuvo exponentes tan notables como Borges o Angel Zúñiga….”
Yo estoy en contra de la crítica subjetiva, especialmente en su vertiente gratuita y matona, sin embargo los ejemplos que cita Gubern la legitiman por razones obvias, los autores que las firman. De Borges no espero objetividad, al contrario, lo que me interesa es que sea lo más borgiano posible.
De Guillermo Cabrera Infante, otro gran crítico subjetivo, lo que quiero es reencontrar el alma y el ingenio del gran escritor cubano, proyectado sobre su personal visión de una película, aceptando subjetividad y prejuicios, si los hubiera, con ironía y agrado. En su ejemplar libro “Cine o Sardina” Cabrera hace gala de un extraordinario ingenio literario, y un punto de vista completamente original, enriquecedor y subjetivo, sobre la película de la que escribe. Eso es lo que yo espero de Cabrera Infante, incluso por supuesto cuando no estoy de acuerdo. Siempre es enriquecedor leerle, también cuando no coincides con él.
Con ESCRITORES de la talla de Cabrera Infante o Borges uno espera que cuanto más “ellos mismos” sean, mejor. Del mismo modo que cuando leo algo relacionado con el cine firmado por Juan José Millás, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Maruja Torres, Terenci Moix o Martín Garzo no espero que sean objetivos (ni siquiera justos) sino lo contrario, porque me interesa su grandeza como escritores, su personalísimo punto de vista.
Pero no es el caso de “Me Llamo Carlos Boyero”.
¿Quién es Carlos Boyero como ESCRITOR? Si se trata de que es un “personaje” entonces debería tener tribuna propia en el periódico.
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Tiene razón en decir que a quien no le guste no lo lea. Yo no leo, no me gusta ni cuando nos gustan o disgustan las mismas películas, porque en ambos casos utiliza el mismo terrible estilo literario. Estoy de acuerdo que este no es argumento del que nos pueda defender la Defensora del Lector (o sí?), pero alguien debería enseñar a adjetivar al crítico de El País.
VENECIA Y KIAROSTAMI
Aludía en mi blog sobre el cinismo y la anoréxica moralidad de Boyero atreviéndose a decir en el último festival de Venecia que se había salido de la película de Abbas Kiarostami, lo cual no le impedía escribir la crítica.
Señora Defensora del Lector, Milagros Pérez Oliva, este es un asunto que nadie ha citado, pero que yo encuentro determinante, y que anula cualquier teoría sobre la libertad de expresión de un crítico. En su día, un grupo de cineastas, encabezado por Víctor Erice protestó al periódico por esta nueva hazaña de su crítico estrella. Yo estaba fuera y no tuve ocasión de adherirme a aquel manifiesto. Lo hago ahora.
Perdone si encuentra mi estilo demasiado apasionado, estoy escribiendo muy rápido porque salgo de viaje en pocas horas.
De nuevo, gracias por su atención.
Pedro Almodóvar. |
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