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19.5.2009
Nouvelle Vague
Se dice que los críticos de cine son cineastas frustrados. En Francia hace 50 años hubo una generación de críticos que contradicen rotundamente esta aseveración. Godard, Truffaut, Chabrol. Rohmer y Jacques Rivette, cinco críticos de “Cahiers du cinéma”, iniciaron su aventura como directores a final de los años cincuenta, y lo hicieron de un modo tan explosivo y renovador que marcaron un antes y un después en el cine francés. A esa ruptura llena de ideas y de películas muy diversas entre sí se le llamó Nouvelle Vague.
El Festival de Cannes de este año celebra el nacimiento de la Nouvelle Vague, recordando que hace medio siglo, en la edición del año 59, premió como mejor director a un casi primerizo François Truffaut por “Les quatre cents coups”, película que para muchos supone el primer paso de este movimiento.
Sin quitarle méritos a la obra maestra de Truffaut, creo que Louis Malle se le anticipó en el 57 y 58 con “Les amants” y “Ascenseur pour l’echafaud”, dos obras a mi parecer precursoras del movimiento. En cualquier caso las dos películas de Malle y la de Truffaut se contemplan hoy con igual o mayor disfrute e intensidad que hace medio siglo.
Los dos films de Malle tenían como protagonista a una joven Jeanne Moreau, una actriz que rompía los cánones de la estrella cinematográfica de ese periodo. Moreau se convertiría con el tiempo en la auténtica musa de los directores más importantes del nuevo movimiento. |
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Además de los aspectos técnicos y narrativos cuyos principios flexibilizó y dinamitó (el montaje no volvería a ser lo mismo después de “À bout de souffle”, de Godard, por ejemplo), sobre los que ya existe una densa bibliografía. El justo reconocimiento del cine americano comercial que los críticos franceses establecidos ninguneaban (Hawks, Fritz Lang, Samuel Fuller, Jacques Tourneur, Hitchcock, el inglés y el americano) autores por los que siento devoción. Además de todo esto, y admirando los riesgos en la experimentación formal (Godard y Resnais), su indagación del lenguaje, de lo que hay más allá, o de lo que hay dentro, en el momento en que empecé a ver sus películas yo no era consciente del movimiento, ni de que una de sus ideas básicas era la de elevar al “autor” al estatus de estrella.
Las primeras películas que me impactaron fueron, además de las tres mencionadas , “La peau douce”, de Truffaut, el cuarteto de obras maestras de Chabrol “Juste avant la nuit”, “Le boucheur”, “La femme infidèle”, y “Les noces rouges”. “À bout de souffle” y “Pierrot le fou”, de Godard, “La collectionneuse”, de Rohmer, y un largo etcetera. Además de empezar a distinguir a sus autores, recuerdo de un modo especial mi fascinación por la nueva fauna de actores que aparecían en ellas.
Ellos y ellas
En su acercamiento a la realidad, la huida de los estudios y su irrupción en las calles y lugares reales y públicos, los nuevos directores se inventaron también un nuevo físico de mujeres y hombres más reales. Ellos, los personajes masculinos, podían ser vulnerables e inseguros, fanfarrones y patéticos, masculinos y líricos. Trintignant, Maurice Ronet, Jean Claude Brialy, Gérard Blain, Piccoli y Belmondo configuraban un nuevo físico masculino que nada tenía que ver con los galanes precedentes (como ya ocurría en Italia con Marcello Mastroianni). Entre todos crearon un nuevo canon del sexy masculino, menos heroico y ostentoso, más frágiles pero irresistiblemente atractivos (Belmondo es un capítulo aparte, podía ser feo, guapo, fanfarrón y delicado. Irresistible, hiciera lo que hiciera). Y ese canon sigue vigente. |
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Ocurrió lo mismo con las chicas. Brigitte Bardot rompió todos los esquemas de la primera mitad del siglo veinte en lo referente a moda, pelos, y actitud. Fue una revolución. Pero a pesar de protagonizar “Le mépris” con Godard y “Vie privée” con Louis Malle no diría que es una actriz de la Nouvelle Vague. Las grandes reinas fueron, son, Jeanne Moreau, Stéphane Audran, Bernadette Lafont, Anna Karina, Anouk Aimée, Delphine Seyrig, Françoise Dorléac, Jean Seberg y alguna jovencita de la escuela de Rohmer. Y la segunda generación formada por Sandrine Bonnaire, Isabelle Hupert, Juliette Binoche, Emmanuel Devos, etc, dignas hijas de sus antecesoras.
Del mismo modo que para Brigitte dos películas (más la muy kitch “Viva María!”, de nuevo con Malle) no bastan para que forme parte de la Nouvelle Vague, a Jean Seberg le bastó repartir periódicos por los Campos Elíseos en “À bout de souffle” para convertirse instantáneamente en un icono del movimiento. Su imagen ha sido para la Nouvelle Vague lo que la del Che para la revolución cubana. Admiro a muchas actrices francesas, pero la primera generación que acabo de mencionar tienen un significado especial para mí porque fueron ídolos de mi primera juventud.
Además de las precursoras “Les amants” y “Ascenseur pour l’echafaud”, “Viaggio in Italia” (en español “Te querré siempre”) de Rossellini supone también una referencia para la primera célula de directores de la Nouvelle Vague. El rechazo de trabajar en estudio de Rosellini e invadir las calles y filmar la realidad en los lugares donde ésta acontece, y la sensación de ausencia de ficción, la falta de artificio, fueron elementos que la Nouvelle Vague asumió como propios, aunque en su evolución desaparecieran dependiendo de las películas y de la personalidad de quienes las dirigían. |
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Dos homenajes oportunos
Estoy en Cannes, como todos sabéis, compitiendo con “Los abrazos rotos”. Curiosamente y de modo casual, en mi película rindo homenaje a dos de los hitos que acabo de nombrar. Jeanne Moreau (su voz!, ya que mi personaje está ciego) en “Ascenseur pour l’echafaud” y “Viaggio in Italia”, la película que Lena (Penélope Cruz) y Mateo (Lluis Homar) ven por televisión, abrazados en un sofá del bungalow donde se han refugiado en la playa de Famara.
En la escena que ven en la televisión, el matrimonio, en pleno deterioro, formado por Ingrid Bergman y George Sanders van a visitar unas excavaciones en Pompeya. El guía les llama la atención sobre una pareja a la que la lava del Vesubio ha sorprendiendo durmiendo juntos, la escena impacta a Lena, que esconde el rostro en el pecho de Mateo. Se agarra a él con fuerza y sueña que cuando llegue la muerte la sorprenda como en ese momento, abrazada al hombre al que ama, como la pareja eternizada por la lava del Vesubio en la película de Rosellini.
Los abrazos y Madrid
Mi película se estrenó en España hace nueve semanas.De las agotadoras promociones previas al estreno, una de las cosas que todavía me hace ilusión es cuando los posters que la anuncian forman parte del mobiliario de la ciudad. Desde “Tacones lejanos” siempre cumplo el rito de fotografiar los posters de mis películas con la ciudad reflejada en ellos. No es una cuestión de egocentrismo, me gusta ver cómo el cartel toma vida y la comparte con la ciudad en la que vivo. Para mí son como fotos de familia. Además de que soy un amante de los reflejos, y en esto incluyo al cine. La mirada asustada de Penélope nos ha mirado fundida con muchos de los lugares más emblemáticos de Madrid.
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Penélope en el cielo del edificio Metrópolis.
© Pedro Almodóvar. |
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Penélope y Colón.
© Pedro Almodóvar. |
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Autorretrato en la plaza de Colón.
© Pedro Almodóvar. |
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Penélope en Gran Vía.
© Pedro Almodóvar. |
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La competición
Un momento antes de trasladarme a Cannes empiezan a llegarme publicaciones francesas, algunas de ellas con la crítica de la película, ya que se estrena en todo el país vecino el día 20, o sea, al día siguiente de su proyección en el Gran Palais del festival. De momento todo lo que sale es buenísimo. Estoy ansioso por ver y leer qué pasa después.
Aunque mi película esté en la competición, no vengo con ánimo competidor, y mucho menos con espíritu ganador.
Si le cayera algún premio sería el primero en celebrarlo, pero vengo mentalizado para que esto no ocurra. La decepción siempre es menor y no sería ninguna humillación, este año comparto sección con muchos directores que admiro, muchos de ellos capaces de sorprendernos con una obra maestra, Ang Lee, Tarantino, Jacques Audiard, Jane Campion, Lars Von Trier, Par Chan-Wook, Isabel Coixet, Marco Belloccio, Ken Loach…
¿Me compensa entonces participar en semejante lucha contra estas fieras?
Pues sí.
Además de la sensación de festín cinematográfico, capitalizo con creces el viaje, de momento termino la promoción francesa, ya que la película sale en las salas coincidiendo con el festival. Me ahorro muchos viajes de promoción, porque en cinco días me liquido gran parte de países a los que no podré ir personalmente. Espero tener la oportunidad de ver recién salidas del horno algunas de las películas que compiten, esto es lo que más me atrae. El festival también es la oportunidad de encontrarme con amigos del medio, periodistas, actores, distribuidores, directores, etc que sólo veo en estas ocasiones. Hacerme fotos con las estrellas, que también me gusta. Y aunque no lo consiga nunca, supone un gran estímulo a la hora de hacer dieta. |
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Acabo de llegar al Hotel Martínez, el mar sigue ahí y los fans también, como todos los años. Hay cosas que no hay crisis capaz de cambiarlas.
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© Pedro Almodóvar. |
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© Pedro Almodóvar. |
Pedro Almodóvar. |
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