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19.9.2008
EL MUNDO, Y SU LOCA ALGARABÍA.
No pensaba lanzarme al mundanal ruido tan pronto, hace una semana hemos terminado el rodaje! Pensaba reservarme un poquito, pero me ha podido la fidelidad a un amigo al que últimamente veo poco, Antonio Banderas. Estoy escribiendo a las 9 de la mañana, después de haber dado un paseo por el barrio, comprar el periódico y respirar el aire fresco. Para mí esto significa haberme desvelado por la noche, siempre me ocurre cuando viajo.
Mientras escribo esto escucho “A ship of wine” de Leonard Cohen, recreada por Philip Glass. En las últimas semanas vivo obsesionado con este tema. Tal vez tenga que meterlo en la película.
Antes de acostarme escribí un boceto de lo que será mi discurso de presentación del premio Donostia otorgado a Antonio (a propósito, el ordenador rechaza esta palabra y en su lugar escribe Donosita, tengo que teclearla varias veces para que el ordenador se entere que es Donostia) pero las últimas palabras con que despedí el día no son las del discurso, pertenecen al “Dietario voluble” de Enrique Vila-Matas. Esta última semana es Enrique Vila-Matas quien sella mis ojos cada noche. Me gusta muchísimo su libro, inclasificable. (A mí me recuerda a otra novela de autoficción, “Automoribundia” de Ramón Gómez de la Serna).
Afortunadamente se escriben y se publican bastantes libros inclasificables, debería existir ya un género que los clasificara como tales, es decir, “inclasificable”, un género, como la ciencia ficción, la novela rosa o la histórica.
Leo el libro de Vila-Matas como una novela, una muy buena novela donde su narrador nos proporciona información exhaustiva sobre el protagonista, que casualmente es él mismo. No le conozco personalmente, ni entra en mis planes conocerle, prefiero leerle e impregnarme de su literatura. Cuando el autor se convierte en sujeto del libro prefiero conocer el libro, y no a la persona que lo sustenta, porque la ficción no debe mezclarse con la realidad. No sé si me entienden. Vila-Matas para mí es un personaje de ficción. Mi único problema con “Dietario voluble” es que mi memoria se contagia con la segunda palabra del título, la narración aborda tal cantidad de temas, que lo olvido todo al instante. Problema mío. Amnesia, se llama. |
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EGOTRÍPTICO
Estamos en plena efervescencia de la literatura del Yo (Por supuesto estoy a favor, también estoy a favor de los libros inclasificables y de la demanda del Juez Garzón de hacer listas de todos los “vencidos” en la guerra, y de abrir todas las cunetas y paredones que haya que abrir para que sus familias puedan enterrarles como es debido).
No tengo más alternativa que la de estar a favor de la literatura del yo, no hay nada más “yoista” que la escritura de un blog. También es cierto que al ser esa su naturaleza, nadie te puede tachar de egotríptico.
Me gusta esta palabra, egotríptico, acabo de inventármela. Esto me recuerda al último Premio Pullitzer, “La increíble historia de Oscar Wao” del escritor dominicano Junot Díaz. En esa novela sí que hay un verdadero lujo de “palabrerío”. Es la novela que mejor representa, para bien, los nuevos frutos lingüísticos nacidos de la mezcla viva y legítima del lenguaje caribeño con el inglés americano. Y no me refiero al spanglish.
En el premiado libro del dominicano no hay nada tipo “llámame pa trás” (call me back) en vez de “devuélveme la llamada” o simplemente “llámame tú”, ni “controversial” acentuado en la última a, en vez de “controvertido”. Tal vez me equivoque, pero muchas de las expresiones típicas del spanglish son el resultado de una pereza descomunal.
En “Oscar Wao” el espectáculo son las palabras. El lenguaje que Junot Díaz emplea está plagado de términos nuevos, inglés dominicanizado, que suenan maravillosamente. Qué exuberancia, por Dios!
Party whatcher- Pariguayo.
Por ejemplo, “pariguayo” (mi rebelde ordenador se empeña en poner “paraguayo”). Viene del inglés “party watcher” y se refiere a esos chicos con tantos kilos como complejos, que en los guateques tienen que conformarse con ver bailar y divertirse a los demás, mientras ellos se sumen en la melancolía y la frustración.
¿No es una palabra maravillosa, pariguayo? Además suena a lo que significa. |
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PARTYS Y FIESTAS
A diferencia del “pariguayo”, nada más terminar de rodar han coincidido varios acontecimientos festivos e inevitables, y muy satisfactorios, a los que no he podido negarme. Al contrario que el desgraciado “pariguayo” me he sentido en el centro de todas las fiestas, y disfrutando de sus extremos.
FIESTA DEL FIN DE RODAJE.
Después de quince semanas consecutivas de trabajo, terminamos de rodar, sanos y salvos!! Hacía semanas que el equipo, modélico equipo, bramaba por una intensa catarsis colectiva.
Y en eso se convirtió la fiesta de fin de rodaje, la cosa ya empezó horas antes, mientras nos hacíamos la típica foto de equipo (con la ausencia de las estrellas, que ya se encontraban trabajando en otros proyectos). Dadas las circunstancias yo había sugerido hacernos una foto inspirada en los últimos juegos olímpicos de Pekín. En la foto que tomé de referencia, aparecían varios corredores, alrededor de la meta, al final de la prueba de 1500 mts en un estado de cansancio terminal, tirados por el suelo, algunos bocabajo. Extenuados. Rotos. Una foto impresionante y muy cómica.
La referencia era muy clara pero no conseguí que el equipo tomara en serio mis indicaciones. Me dije, “Pedro, has terminado la película, deja ya de dirigir a la gente”. Me hice caso. Y desistí.

Foto de equipo. Fin de rodaje.
© PAOLA ARDIZZONI y EMILIO PEREDA |
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En la fiesta de por la noche traté también de ser un simple espectador de lo que ocurriera, y vaya si ocurrieron cosas!
Una selección formada por los miembros masculinos más jóvenes y atractivos de los equipos de producción, dirección y cámara decidió travestirse por primera vez en su vida, y regalarnos una versión coreografiada del “Sálvame”, hit inefable de nuestra Bibiana. La mayoría no resultaban muy femeninos, parecían más bien un grupo de indios sioux que hubieran entrado en los camerinos de una compañía de revista, y después de violar a las vedettes les hubieran robado las pelucas y los trajes y ataviados con ellos bailaban al irónico ritmo de “Sálvame”. Iban todos descalzos porque no habían encontrado zapatos de tacón de su número. No tengo fotos ni palabras para describir aquello. Juro que con la excepción de un 0,10 % se trataba de hombres jóvenes heterosexuales, masculinos sin ostentaciones, y sin dudas sobre su sexualidad.
Fue tan insólito y tronchante!
Creo que hay algo en mí que arrastra a los varones que se cruzan en mi vida al travestismo.
La parte femenina del equipo también nos deslumbró con un espectáculo que llevaban días ensayando clandestinamente en el comedor del catering durante el horario de la comida. Las sacrificadas comían en media hora y la otra media la dedicaban a ensayar coreografías. Su número tuvo, tal vez, un nivel de ejecución superior al de los chicos. Ellas se decidieron por una antología de clásicos de Rafaella Carrá, con variada y compleja coreografía, enfundadas en modelos también indescriptibles, una especie de glitter rural, desternillante.
Todo esto me hizo pensar que en las fiestas que suelen seguir a los estrenos, ocasiones en las que suelen cantar los artistas, resulta mucho más divertido que los performers sean miembros del equipo que ha hecho la película, le ponen más entusiasmo, para ellos es más excepcional, y el resultado tiene infinitamente más encanto, más humor y más morbo. Tomo nota para el próximo estreno. |
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DIA 13-09-08
Pero eso no quiere decir que renuncie a los “artistas” cuando la fiesta debe ser un espectáculo de verdad, para todos los públicos y no sólo para el abducido equipo de un rodaje.
Cuando llegó a la oficina de El Deseo la propuesta de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, indicando que deseaban rendir tributo a la música de mis películas, ya que en casi todas ellas Madrid era uno de los personajes, accedí sin dudarlo. Mi única condición fue que, respecto a las canciones que llenan mis películas, las cantaran, a su manera, Concha Buika y Miguel Poveda, acompañados puntualmente por la bailaora Eva la Yerbabuena. Y así se hizo a lo largo de la tercera edición de “La noche en blanco” de Madrid.
Hubo más cosas, la Orquesta Nacional de España interpretó una selección de temas de Alberto Iglesias, incluido el largo fragmento que acompaña la pequeña película muda “El amante menguante” (incluida en “Hable con ella”) y que yo vi por primera vez de esa forma, como una película muda acompañada por una orquesta en vivo.
Emocionante experiencia. Pero la guinda fue ver y oír a Concha Buika y A Miguel Poveda, cantando un repertorio nuevo y ajeno, las canciones que forman parte esencial de mis películas y que yo distribuí entre los dos artistas.
El espectáculo nos puso a todos (más de tres mil almas) los pelos de punta.

Buika y Poveda. Apoteosis final con la Yerbabuena.
© L.M. LOMBARDÍA |
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Yo creo mucho en las versiones, cuando las llevan a cabo artistas inspirados e independientes que se las plantean como una nueva creación y que adaptan la canción original a sus propias vísceras. En mis películas todas las canciones que aparecen son versiones. Por lo que Buika y Poveda consiguen dar una nueva vuelta de tuerca a temas que ya habían sido renovados por gente con tanto talento como Caetano Veloso, Chavela Vargas o Bambino.
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Miguel Poveda y Concha Buika ensayan. 1
© Pedro Almodóvar. |
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Concha Buika y Miguel Poveda ensayan. 2
© Pedro Almodóvar. |
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El cine, para mi, es representación, y las canciones que utilizo como herramienta narrativa también. La vida no es como se ve en mis películas, ni Madrid, ni la Mancha, ni las mujeres alocadas y extremas, mis películas narran mi versión personal, inconsciente y profunda de la vida que me rodea y que me sirve de inspiración. Con las canciones ocurre lo mismo.
Las canciones recorren un camino oblicuo y aleatorio hasta encajar en mis películas. A veces han tenido que convertirse en lo opuesto a lo que originalmente eran para que yo conecte con ellas, es el caso de “Tonada de luna llena”. La “Tonada” es una canción llanera, venezolana, una especie de country autóctono, de Simón Diaz, que nunca habría entrado en conexión con mis historias si no hubiera sido porque los arreglos de Morelembaum y la voz de Caetano Veloso habían transmutado el original (todos mis respetos para Simón Diaz) convirtiéndolo en una especie de nana oscura y surreal. Partiendo de la versión de Caetano, la misma canción incorporada por Miguel Poveda y bailada por la gran Eva la Yerbabuena, volvía a suponer una nueva recreación de la canción.
Rizar el rizo a base de talento e inspiración.
Ocurrió con todos los temas que cantaron Buika y Poveda por separado (Luz de Luna, Soy infeliz. Puro teatro. Voy…. Etc) y juntos.
Quién le habría dicho a Manuel Alejandro que la canción que escribiera para Rocío Jurado, “Se nos rompió el amor”, iba a hacer explotar el escenario del Matadero en las voces de Buika y Poveda! Hicieron una versión catártica, arrolladora. De verdad, era tal la concentración de energía, talento y vísceras que a veces se hacía insoportable oírlos, de puro placer. Hay un camino muy largo desde que Rocío cantara la canción, hasta que Buika y Poveda se adueñaron ( y cómo!) de ella, pasando por la previa reinvención de Fernanda de Utrera por bulerías. |
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Hay que seguir a estos dos artistas, especialmente en sus actuaciones en vivo, los discos no les hacen justicia. Son dos heterodoxos brillantes, en la plenitud de sus facultades. Miguel tiene lo mejor de Caracol, Rafael Farina, Mairena, Bambino mezclado con algo personal que sólo le pertenece a él. Dotado de un instinto exquisito para adentrarse por terrenos alejados del flamenco, como el bolero, el tango, y la copla. Ecléctico, superdotado y lleno de curiosidad, a la voz exquisita de Miguel le caben todos los estilos.
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Buika y Poveda cantan a dúo 'En el último trago'.
© Pedro Almodóvar. |
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Buika canta 'Luz de Luna'.
© Pedro Almodóvar. |
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Concha Buika, cuyo último disco “La niña de fuego” está nominado a Mejor Álbum en los Grammy latinos, también es un caso aparte, Buika pertenece a una estirpe de artista que sólo se da muy de tarde en tarde. Estoy hablando de la estirpe de Chavela, la Niña de los Peines, Edith Piaf, Judy Garland, Bola de Nieve… Su voz tiene un color inusitado y una tesitura amplísima, dotada para la caricia más íntima y el alarido estruendoso. Buika sólo sabe cantar “abierta en canal”. Tan joven, a mí me estremece porque da la impresión de que cada actuación es la definitiva, la última. Siendo totalmente original, y yendo por otros derroteros, me recuerda mucho a Chavela, en su esplendor.
Nunca disfruté tanto en un homenaje.
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Lo de San Sebastián fue estupendo. Volver a estar con Antonio, antes, durante y después del escenario. Y con Melanie...

Antonio, Melanie y Pedro reunidos para celebrar el Premio Donostia para Antonio.
© Pedro Almodóvar. |
Hace dos días cumplí años. He recibido muchas felicitaciones, algunas inesperadas y originales. Por ejemplo, Meryl Streep me cantó a través del móvil de un amigo feliz navidad en español, desde San Sebastián donde era homenajeada. Nuestro común amigo Chema Prado le dijo que era feliz cumpleaños no feliz Navidad. ¿Se equivocó? Yo no diría tanto. Era Meryl Streep y podía cantar lo que quisiera. En las pocas palabras que cantó en español, no lo van a creer, no tenía el menor acento.
Qué gran actriz y qué encanto de persona!
A través de un mensaje de voz, Penélope también me deseó feliz cumpleaños. Estaba en un descanso de los ensayos del musical “Nine” que empezará a rodar en breve a las órdenes de Rob Marshall. En el mensaje me decía que a su lado tenía a Sofía Loren que quería felicitarme también. (La Loren hace el papel de la madre del personaje que interpreta Daniel Day-Lewis). Penélope Cruz y Sofía Loren juntas! No soy mitómano, pero quiero verlas y hacerme una foto con ellas. |
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