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16.9.2008
Agosto. La oscuridad, ¿de moda?
El viernes pasado, Rodrigo Prieto, mi director de fotografía, dijo con su sencillez característica: “estamos rodando una escena histórica”. Le miré extrañado, porque Rodrigo es de los técnicos con más talento y menos ostentoso que he conocido. Su comentario hacía referencia a la última tacada de secuencias rodadas en la más absoluta oscuridad.
¿Cómo se puede rodar sin luz, sin nada de luz, dentro de un espacio parecido a un cajón cerrado, sin una sola rendija? Rodrigo investigó hasta dar con la solución.
Según sus palabras: “Sabemos que el ojo humano es capaz de ver un rango limitado del espectro electromagnético, pero que la luz ultravioleta e infrarroja es posible registrarla fotográficamente, aunque nosotros no la veamos. Me puse a investigar y descubrí que hay luces infrarrojas que iluminan espacios para que las cámaras de seguridad “vean” lo que sucede en un lugar donde aparentemente no hay luz. Supuse que sería posible adaptar una cámara de alta definición para poder funcionar con luz infrarroja como las cámaras de seguridad.
En Panavision de París, ya habían hecho pruebas con su cámara digital “Génesis” cambiando un filtro que impide el paso de la luz infrarroja por otro transparente. Normalmente las cámaras digitales necesitan evitar que el espectro no visible afecte su sensor, ya que la señal tendría información que no corresponde al ojo humano, pero si se le quita el filtro que lo impide, entonces es posible grabar las longitudes de onda que corresponden a la luz infrarroja...
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El reto de rodar dentro de un enorme cajón negro, ha sido para mí una experiencia fascinante. Mi trabajo consiste en iluminar y debía hacer lo contrario, tenía que trabajar en una abstracción total, ya que debía imaginar la “no luz” y cómo representar un espacio totalmente negro en el que los actores debían actuar totalmente a ciegas, frente a una cámara y un objetivo que sí les veía a ellos.
Fue una revelación casi espiritual, descubrir que la luz infrarroja es un minúsculo ejemplo de todo lo que existe en el Universo, y alrededor nuestro, que no somos capaces de percibir. Nosotros pensamos que la realidad es solamente lo que vemos, pero de hecho hay una infinidad de vibraciones, ondas, y radiaciones que no vemos ni sentimos y que son tan reales como nuestra propia piel…”
Hay una secuencia en “Los abrazos rotos” en que los personajes de Lluis Homar, Blanca Portillo y Tamar Novas van a cenar a un restaurante cuya especialidad es la oscuridad, es decir, los clientes comen y beben absolutamente a oscuras. Los camareros que sirven la comida son ciegos.
Este tipo de locales existen. El primero que se abrió fue en Munich, con la idea de que los familiares de personas invidentes pudieran acompañarles durante la comida en las mismas condiciones de oscuridad en que ellos comen y viven. La experiencia fue muy comentada por los medios, y Berlín abrió otro restaurante para ciegos, al que empezaron a acudir clientes sedientos de nuevas experiencias. El que yo conocí, y en el que me documenté, “Dans le noir”, se halla en París y la clientela es mayormente gente curiosa e inquieta, que busca pasar una velada especial.

Asier Etxeandia, Lluis Homar, Blanca Portillo y Tamar Novas entrando en fila india en el comedor del restaurante sin vistas.
© Paola Ardizzoni y Emilio Pereda. |
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Me pareció interesante el fenómeno y su expansión, y ya que en mi película hay un personaje ciego escribí una secuencia que transcurre en uno de estos lugares, respetando la logística de los restaurantes reales. Tomé como referencia el de París, el único que he conocido personalmente.
No llegué a cenar, pero estuve dentro del comedor. Nunca he sentido una oscuridad semejante, es una negrura absoluta, vaporosa y densa. No es el vacío, es otra cosa. Este tipo de oscuridad es mucho más negra de lo que uno pueda imaginar.
En un momento de la secuencia, Tamar Novas le explica a Blanca Portillo (su madre en la película) el origen de estos restaurantes, y termina diciendo que se han puesto superdemoda. La madre desconcertada, y al borde de una crisis de ansiedad, le pregunta y se pregunta a sí misma: “¿La oscuridad, de moda? No puede entenderlo”.
UN HOMBRE EN LA OSCURIDAD
Es el título de la última novela de Paul Auster, pero se ajusta perfectamente al guión de mi película. De hecho, el origen de “Los abrazos rotos” (creo que ya lo he mencionado) se halla en las largas horas de oscuridad que viví en mi habitación aquejado de migrañas.
Durante meses sólo disponía de dolor, oscuridad e imaginación. Si quería defenderme de lo primero tendría que utilizar las otras dos armas. Necesitaba que mi mente se centrara en otro lugar, lejos de mi habitación. Ya que no podía hablar, ni leer, ni ver la televisión, sería yo el que conversaría conmigo mismo, dentro de mí. Tendría que ser yo el que me contara historias.
Descubrí que esto era posible, que podía hilar una acción con otra, de ese modo nació el personaje de Lluis Homar, un escritor que ha perdido la vista en un accidente y que movido por la desesperación y el hastío empieza a inventar historias, al fin y al cabo eso es lo que hacía antes de perder la vista. Y el hecho de volver a fabular le salva la vida.

Hombres en penumbra. Rubén Ochandiano visita con fines aviesos al maduro escritor ciego.
© Paola Ardizzoni y Emilio Pereda. |
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El poder de la imaginación no se pierde en la oscuridad, la oscuridad abre abismos infinitos alrededor de tu cuerpo, que tienes que aprender a sortear, pero también abre horizontes infinitos en los que expandirte.
Lo importante es recuperar el deseo de participar en tu vida, con los elementos que dispongas, y potenciarlos (esto sirve para cualquier dolencia). Y eso es lo que hace mi personaje.
Así comenzaba el primer borrador del guión de “Los abrazos rotos”. Y así comienza, más o menos, la novela de mi querido Paul Auster. (Cuando empecé a escribir esto que ahora leen sólo había leído el primer capítulo, en la sección literaria de El País. Ahora ya he leído entera la novela y la recomiendo con fervor).
De todos modos y afortunadamente, el inicio de mi guión, ha ido desapareciendo en sucesivos borradores. Ya no hay un hombre yacente en la oscuridad de la noche y del día, imaginando historias para matar literalmente el tiempo. Habría sido difícil explicar que no me había inspirado en el primer capítulo de la novela de Auster, algo por otra parte imposible porque la escritura de mi guión y la de su novela ocurrían al mismo tiempo, pero curiosamente por aquella época yo había coincidido con Paul Auster en varias ocasiones, y él podría haberme comentado algo sobre el tema de su novela.
A los dos nos habían galardonado con el premio Príncipe de Asturias. Yo estaba en la recta final de mi gira de promoción de “Volver” y pensaba retomar el guión de “La piel que habito”, mi hipotética próxima película. Hace tiempo que me siento varado contra la rocosa adaptación de esta historia y pensaba que me vendría bien rescribirla con alguien. Auster me parecía el escritor adecuado, pero su timidez me hace volverme tímido a mí también, y no quería hacerle una proposición que le resultara embarazosa.
A lo largo de los tres días que duró nuestra estancia en Oviedo compartimos muchas situaciones, además de comida y bebida. En una de esas cenas, cuando ya estábamos bastante animados, le consulté sobre la posibilidad de escribir un guión juntos. Por su programa de trabajo me dijo que le venía bien, yo pensaba llevarlo a cabo tres o cuatro meses después, y no me importaba ir a Nueva York.

Paul Auster y yo celebrando el Príncipe de Asturias. Oviedo 2006.
© Pedro Almodóvar. |
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Nada más acabar la promoción en enero del 2007 decido afrontar el problema de mis dolores de cabeza, que habían aumentado en el 2006. A partir de ese momento, mientras hago diversos tratamientos con un grupo de neurólogos, los dolores aumentan… en fin, la cosa es que durante el primer semestre del 2007 vivo atrapado por las cefaleas y los tratamientos. No puedo ir a Nueva York ni escribir con Paul Auster. Sin embargo cada uno por su lado escribe sendas historias sobre narradores en la oscuridad. Una situación típicamente austeriana.
DADME LA NOCHE MÁS OSCURA. (Febrero 2003)
El veintitrés de Febrero recibía en París el Premio César a la mejor película extranjera por “Hable con ella”, y al día siguiente viajaba en tren para acudir a Londres a la entrega de los Premios Bafta, donde estaba doblemente nominado (Mejor Guión Original y Mejor Película de habla no inglesa).
Adormilado y embotado por la falta de descanso, durante el trayecto en tren, pensaba en el discurso de agradecimiento, por si recibía alguno de los dos premios, pero no se me ocurría nada.
Normalmente prefiero improvisar, pero cuando el agradecimiento es en inglés prefiero prepararlo mínimamente. No siempre lo consigo, me resulta muy difícil visualizarme a mí mismo recogiendo un premio, cuando sólo estoy nominado. Nunca cuento que me lo van a dar a mí, y me siento como un idiota preparando un discurso de agradecimiento de algo que no me pertenece.
En el tren iba ojeando el periódico, eran los días previos a la invasión de Irak. Las fuerzas americanas ya estaban instaladas en la zona, impacientes por recibir la orden de atacar. Los medios especulaban sobre el cómo y el cuándo de la invasión, se citaba el clima y la luna, como elementos determinantes. |
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Respecto al clima, el capitán Daneker dijo que estaban “entrenados para trabajar en las condiciones más extremas” y que si los iraquíes podían soportar el calor, ellos también. Respecto a la luz de la luna, según afirmaciones del mismo capitán, las tropas americanas estaban en condiciones de iniciar el ataque sin un sólo rayo de luna. Según los analistas de entonces (me gustaría saber qué piensan ahora), con los medios tecnológicos que contaban, la toma de Bagdad sería un paseo para las tropas americanas.
“Denme una noche cerrada, denme la noche más oscura y les aseguro que mandaremos a Sadam y a sus hombres al lugar donde deben estar: el infierno”, decía el capitán Daneker, según un artículo de El País de el día 23 de febrero.
Esta demanda, que sonaba tan shakesperiana, además de escalofriarme, me dio la idea para el discurso de agradecimiento en el que caso de que cayera algún premio. Y cayeron, los dos premios a los que estaba nominado, fue al recibir el primero cuando leí atropelladamente mi speech antibélico.
“El cine y la guerra son dos cosas muy distintas, diría que son realidades absolutamente opuestas. El cuerpo y el alma de las películas es la luz, incluso la oscuridad está hecha a base de luz...”
Después de decir esto citaba al capitán Daneker “denme la noche más oscura, etc.” y lo relacionaba con una canción del genio mejicano José Alfredo Jiménez llamada justamente “Luz de luna” (… desde que tú te fuiste yo no he tenido luz de luna). Y añadía que en nuestra cultura la ausencia de la luz de la luna representa el dolor, la soledad y el abandono del ser amado. Y continuaba: “Tenemos que detener a este Ejército de las Sombras, porque la oscuridad sólo nos traerá dolor, ausencia, desolación, hambre y muerte. Y no hay nada más antinatural que la muerte”.
Fue un momento de gloria desconcertante, probablemente estuve melodramático y torpe, estaba tan encendido contra la guerra y tan excitado por recibir el Bafta que no creo que se me entendiera mucho. Eso sí, conseguí crear cierta incomodidad entre los asistentes a la ceremonia. No debió ser fácil para los ingleses entender la relación entre la guerra de Irak y el gran compositor mejicano José Alfredo Jiménez. |
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LA OSCURIDAD ESPAÑOLA
Acabo de leerlo en El Mundo, 28 de Agosto. Aznar afirma rotundo (todas sus afirmaciones son siempre rotundas) que no se arrepiente de la foto de las Azores, con Bush y Blair.
“No me arrepiento porque fue el momento histórico más importante que ha tenido España en 200 años”
Es inaudita la capacidad de autoengaño y simplificación histórica de Aznar, refiriéndose a los dos últimos siglos de la historia de España, dos siglos especialmente convulsos en los que ha habido dos destronamientos de la monarquía, se han fundado dos repúblicas, ha padecido dos dictaduras (en el siglo XX), múltiples golpes de estado y una guerra de independencia frente a la invasión francesa...
También olvida Aznar que frente a toda esa convulsión histórica, España ha conseguido en los últimos 30 años una estabilidad política, gracias a la llegada de la Democracia. Y que en este periodo, la ciudadanía ha manifestado en las calles y en las encuestas su rechazo absoluto a esa guerra injusta e ilegal (un 90% de la población manifestó expresamente su repulsa) de la que él parece tan orgulloso. En el momento-foto de las Azores no tuvo el menor escrúpulo en representar a un pueblo cuya opinión estaba despreciando. Del mismo modo que lo desprecia ahora.
Da miedo retroactivo pensar que el destino de nuestro país ha estado en manos de una persona con semejante perspectiva de sí mismo y de la historia de España.
En la misma entrevista, Aznar sigue afirmando: “Estoy seguro de que el PSOE tarde o temprano pagará por su actitud ante el 11 M y que no le saldrá gratis esa tremenda deslealtad”. En su mundo paralelo “deslealtad” supongo que equivale a “rechazo de la complicidad en la mentira”. |
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Como August Brill, el protagonista de “Un hombre en la oscuridad”, de Paul Auster (un hombre mayor, inmovilizado en la cama por un accidente, que para luchar contra las noches de insomnio y soledad se reinventa la historia de Estados Unidos, al que sume en una guerra civil, con la única intención de matar el tiempo, antes de que el tiempo le mate a él), Aznar se ha inventado un universo paralelo en el que vive, elucubra y premoniza catástrofes, un universo y un lenguaje en el que no hay equivalente para el sentido común, la incertidumbre o la duda.
Sumido en su infinita oscuridad moral, Aznar fabula sobre la historia de España, especialmente sobre la época de la que él se cree protagonista absoluto. Esto es algo -fabular- a lo que todo el mundo tiene derecho, si no fuera porque en sus fabulaciones nos implica a todos. El resto de los seres humanos vivimos dentro de los confines de la realidad y nos horroriza que alguien escriba nuestra propia historia, la que vivimos día a día, tergiversándola, retorciéndola, cambiándola, reinventándola según sus caprichos e intereses.
La Historia no se puede reinventar. La Historia es.
Pedro Almodóvar |
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