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"LOS ABRAZOS ROTOS"
 
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25.3.2008

EL GUION

Terminé el primer borrador del guión de "Los abrazos rotos" la semana del 21 de octubre pasado. Desde entonces, escribo esto una tranquila mañana de Sábado Santo, ya voy por la sexta versión.

En mi cuaderno de notas aparece que esa misma semana de octubre murió Deborah Kerr. "Deborah Kerr muere sin saber que es Deborah Kerr", decía el titular del periódico donde leí la noticia. Imagino que no debe existir soledad mayor, ni mayor sensación de vacío que morir sin saber quien eres, pero tal vez me equivoque, ojalá me equivoque.

Tardé en apreciar el talento y la singularidad de esta actriz. Cuando era adolescente (por culpa de la austeridad manchega, supongo) vivía demasiado prisionero del glamour y la desmesura de las actrices de Hollywood, y Deborah Kerr era demasiado discreta para mi estado febril de entonces. Fue en mi edad adulta cuando descubrí la complejidad, riqueza, intensidad y sentido del humor que habitaban bajo su aparente discreción.

Aunque la filmografía de Deborah Kerr es impresionante, después de leer la noticia de su muerte, el primer personaje que me vino a la memoria fue el que interpretaba en "La noche de la Iguana", la película de Huston basada en una obra de teatro de Tennessee Williams, en concreto recordé su escena con Richard Burton, atado a una hamaca, en pleno ataque de delirium tremens.

Hannah Jelkes, el personaje de Deborah Kerr, es una solterona virgen y excéntrica (una especie de monja hippie), que viaja con un abuelo poeta, nonagenario, y que se gana la vida dibujando a carboncillo a los turistas que encuentra en su periplo (hace falta valor para representar semejante personaje sin caer en el ridículo, pero esta sensación de "estar al borde" se da mucho con los personajes de T. Williams).

 
 
 
 

Para el alcohólico y agresivo Reverendo Shannon (Richard Burton) esa mujer es lo más parecido a una extraterrestre. Sin embargo es ella la que intenta calmarle con una infusión y una charla "desenvuelta", después de que los dos chulos mulatos de Ava Gardner le hayan reducido a la fuerza, hasta que se le pase el ataque de ira, impotencia y desamparo. En estas circunstancias, Shannon le pregunta a Hannah si ha tenido alguna experiencia amorosa. Es una pregunta malintencionada, a la que ella responde con una naturalidad desarmante diciéndole que sí. Y en un monólogo que es un prodigio de encanto y sutileza le explica minuciosamente en qué consistió dicha experiencia.

"Estaba en Hong Kong", explica Hannah. En el patio del hotel donde se alojaba acababa de hacerle un retrato a un hombre gordito, calvo, insignificante y desagradable al que ella había tratado de favorecer con sus lápices. El gordito en cuestión era un australiano, representante de ropa interior. El pobre hombre se encontró tan favorecido en el dibujo, que le dio una buena propina y la invitó a dar un paseo en sampán, a lo cual ella no pudo negarse.

Cuando ya estaban solos, a bordo del sampán, el hombre se puso muy nervioso. Se acercó a ella y con voz trémula le preguntó si podía hacerle un favor, un favor enorme. Ella le dijo que sí, para animarle. Entonces el hombre se atrevió a proponerle: "¿Si me doy la vuelta, y no miro, le importaría quitarse una prenda íntima y lanzármela? Sólo para que pueda tocarla".

Burton la mira con ojos desmesurados, prácticamente olvida su ataque de delirium tremens y que está inmovilizado como un chorizo, atado a una hamaca. Pregunta, intrigadísimo, a Hannah:
"¿Hizo lo que le pidió?"
"Por supuesto", responde ella. "El no miró cuando me quité la prenda, ni yo miré cuando él la cogió".
"¿Y a ese triste, pequeño y sucio episodio le llama una experiencia amorosa?"
"Sí", responde Hannah-Kerr
"¿Y no le dio asco?"
"Nada humano me repugna, Mr. Shannon, a no ser que sea cruel o violento".

 
 
 
 

Este monólogo extravagante y conmovedor, dicho desde la naturalidad y la extrañeza, sin aspavientos, fue lo primero que recordé cuando leí la noticia de la muerte de Deborah Kerr.

¿Pero por qué lo menciono ahora? ¿Qué relación guarda con el rodaje de mi próxima película?

En apariencia ninguna, excepto que terminé el guión y decidí "a esto le dedicaré los próximos dos años de mi vida" el mismo dia que leí la noticia de la muerte de la actriz inglesa. Y, aunque sea traído por los pelos, el monólogo de Deborah Kerr me hizo pensar que en mi película también habrá un monólogo, el que se marca al final de la narración el personaje interpretado por Blanca Portillo.

 
José Luis Gómez, Blanca Portillo y Lluis Homar en la primera lectura del guión.
© Pedro Almodóvar

"La noche de la Iguana" no es el mejor Williams, tampoco la mejor película de Huston, ni siquiera el trabajo más importante de la actriz Deborah Kerr (de todos modos, es una película fascinante) pero sí es una película donde su director no le teme a las palabras. La película viene del teatro y, con muy buen criterio, Huston no quiso desteatralizar ese momento dorado de la conversación entre el excura alcoholizado y la estrambótica solterona ambulante. Podría haber rodado un flashback en Hong Kong mostrándonos la escena que narra Hannah, en toda su sordidez, pero prefirió confiar en el poder de Deborah Kerr. Y no fue una decisión a favor de lo teatral, sino puramente cinematográfica. En el cine disponemos para este tipo de momentos de algo que el teatro carece, el primer plano, y el plano medio de dos personajes.

Cuando un personaje ha enganchado nuestra atención y decide contarnos algo íntimo, algo que no ha confesado a nadie, no hay nada mejor que dejar que el actor actúe. No existen efectos digitales, ni montajes frenéticos que puedan compararse a la intensidad del rostro de un actor.

 
 
 
 

Detesto y rechazo las confesiones en la vida real, pero disfruto cuando se las escribo a mis personajes, y sobre todo cuando dirijo a los actores en ese tipo de escenas. En todas mis películas hay un momento límite en que uno de los personajes principales, o los dos, mantienen un monólogo confesional. En ese sentido, "Los abrazos rotos" no va a ser una excepción.

Me gustan las películas en las que los personajes hablan, o escuchan. En "Los abrazos rotos" ocurren muchas cosas, de hecho es el guión con más trama de los que he escrito hasta ahora, pero hay muchos momentos en que los personajes se expresan a través de la palabra, y del silencio. Es una película de personajes, una película de actores.

Estoy entusiasmado con el reparto de los principales papeles: Lluis Homar, Penélope Cruz, Blanca Portillo y José Luis Gómez. Es lo que más seguridad me da a la hora de levantar y darle vida a esta historia. Ellos.

Ensayos de mesa.
© Pedro Almodóvar
 
Penélope enfrentada a José Luis Gómez, en mi despacho.
© Pedro Almodóvar

Desde esa semana de octubre en que Deborah Kerr murió, inconsciente de sí misma, he vuelto a reescribir el guión seis veces. Escribir un guión consiste básicamente en armar férreamente su estructura interna, y reescribir los elementos que lo cubren todas

 
 
 
 

las veces que puedas hasta que empiece el rodaje, incluso durante el rodaje hay que seguir reescribiéndolo. (Algunos directores, como Fellini, o Berlanga, continúan reescribiéndolo durante el doblaje).

Cuando más caña le he dado a la reescritura ha sido en diciembre y en enero. En estos meses ya conozco a fondo la historia que quiero contar y ahora me toca destilar, caracterizar, enriquecer, matizar, sintetizar, visualizar…etc. Un no parar.

Hemos empezado la preproducción en enero y yo he aprovechado las navidades, los fines de semana y las noches para seguir escribiendo.

 
Reescribiendo “Los Abrazos Rotos” frente al Atlántico, en Tánger.
© Pedro Almodóvar
 
 

Despidiendo el último sol del año, en el Hotel “Le Mirage” de Tánger.
© Pedro Almodóvar

He escrito, como pueden apreciar por las fotos, en algunos marcos incomparables. Frente a la playa del Hotel Le Mirage, en Tánger, lugar en el que recibí el año nuevo. Y en el maravilloso hotel "Las mañanitas" de Cuernavaca, a donde me desplacé para visitar a mi adorada Chavela Vargas, a la que hacía dos años que no veía.

 
En el Hotel “Las Mañanitas” de Cuernavaca. Corrigiendo el guión, después del desayuno.
© Pedro Almodóvar
 
 
 
Con Chavela Vargas, en su refugio de Tepoztlan.
© Pedro Almodóvar
 
 
 
 
 

EL BLOG Y YO

Empecé a escribir esta especie de "notas de ruta" en octubre, y pienso seguir dando fe de lo que pasa en mi vida en los pocos ratos libres que tenga para escribir. Espero seguir haciéndolo al menos hasta que termine el rodaje. Me servirá de desahogo, y de futuro recuerdo. Y sobre todo, aumentará mi nivel de stress y de angustia, porque literalmente no tengo tiempo ni de "limpiarme el culo", como diría mi madre. Además, yo no soy escritor de diarios, aparte de los guiones (que los escribo impulsado por una histérica necesidad de fabular, necesito de la ficción tanto como el oxígeno) el resto de mi producción literaria sólo he sido capaz de escribirla bajo presión, en circunstancias en las que nunca disponía de tiempo. Aunque me ataque los nervios, he decidido escribir este blog a pie de obra, aunque a veces peque de precipitado y arbitrario. Lo bueno de escribir un blog es que nadie puede acusarte de egocéntrico.

Prometo contar sólo la verdad, pero eso no significa que vaya a confiarles todo sobre mí y sobre la película y su preparación. Al contrario, pretendo decir lo menos posible de la historia y de los personajes, me perderé en los aledaños, en elementos puramente tangenciales. Vds. pensarán que tengo mucho morro, y seguro que tienen razón. (Todo sea para celebrar la falta de intermediarios).

Hace tiempo que acaricio un sueño. Me gustaría que al menos una vez los espectadores fueran a ver una película mía sin saber de qué va.

Sé que es un sueño casi imposible, pero voy a poner los medios para acercarme lo máximo. Pero voy a mostrar muchas imágenes de los diferentes procesos, imágenes que se trasladarán directamente de mi cámara a esta página.

De momento lo que más tengo se refiere al trabajo de mesa con los actores. Llevamos dos meses de ensayo y prospección. Ahí va un anticipo, Penélope, Lluis, José Luis y Blanca Portillo.

 
 
 
 

Con la ayuda de Sonia Grande vamos indagando sobre la ropa que mejor le sienta y define a los personajes, en las dos épocas en que transcurre la acción, el año 94 y el 2008. Este es un proceso muy divertido y riguroso.

También les hablaré de los libros que leo, la música que escucho, las personas con las que me cruzo, las noticias que leo. Aquello que llama mi atención, en un momento en que estoy poseído por la película que voy a hacer y no me queda sensibilidad para casi nada más.

Resaltaré, por ejemplo, los libros que me han acompañado durante la escritura del guión, los que más me han impactado. En primer lugar dos libros de Colm Tóibín, que ya les recomiendo, "El Faro de Blackwater". Y "The Master", una biografía novelada de la vida y obra del escritor Henry James. Dos libros deslumbrantes por distintas razones.

También he escrito este guión a la sombra de sendos libros de cuentos de Alice Munro, probablemente la mejor cuentista contemporánea. "Odio, amistad, noviazgo, amor matrimonio" y "Escapada". Hay un relato de "Escapada" que me encantaría llevar al cine. También me gustaría hacer una película con el quinto libro que más me ha emocionado estos últimos meses, las memorias de Marcos Ana "Decidme cómo es un árbol", la historia de un joven comunista al que le arrolla la guerra civil con sólo 16 años y cuando termina es condenado a muerte y encarcelado durante 20 años. A pesar de sufrir atrocidades inimaginables (en más de una ocasión después de torturarle le dieron por muerto), Marcos Ana fue y sigue siendo un hombre de una bonhomía casi angelical. El hombre más bueno que he conocido, no hay un gramo de revancha en él. Es tan delicado, que cuando narra cómo le atraparon, después de múltiples y rocambolescas huidas, al final de la guerra, por la traición de uno de sus compañeros, no quiere dar el nombre del traidor por respeto a sus hijos y nietos que ahora viven, para no empañar la imagen de su abuelo. Es un testimonio diferente sobre nuestra guerra civil, la vida en las cárceles, y el exilio. Un libro lleno de detalles conmovedores (yo he llorado mucho leyéndolo) sobre la lucha por sobrevivir día a día en circunstancias inimaginables.

 
 
 
 

En la próxima cita les comentaré la música que me ha acompañado. Aunque ya les recomiendo el último disco de Cat Power, "Jukebox", donde encontrarán sendas versiones de "Don’t explain" (Billie Holiday transmutada en terciopelo ahumado) y "Angelitos negros", con guitarra acústica y esa voz maceradísima por la buena-mala vida de su vocalista Chan Marshall, que borra de tu memoria todo vestigio de la versión de Antonio Machín. Escuchar a la Marshall ha sido una de las grandes emociones de los dos últimos años.



COMPROMISOS SOCIALES

Un día de enero llegó a mi oficina un e-mail del Principado de Mónaco en el que se nos hacía partícipes de un proyecto inaudito: habían pensado que el tema (estético y cultural, el leitmotiv que daría contenido ornamental y musical) del tradicional "Baile de la Rosa" sería la Movida Madrileña. Como Presunto Emperador de dicha movida, consultaban mi opinión al respecto y si podría colaborar mínimamente en la preparación del evento. Lo primero que sentí fue una sensación de absurdo, y lo segundo que la idea me resultaba enormemente halagadora.

A pesar de estar superocupado tardé unos minutos en decirle a Bárbara Peiró, mi Jefa de Relaciones con El Mundo Exterior, que confirmara nuestra presencia y una colaboración limitada en la preparación del acontecimiento. Decidí encargarme de la invitación para darle autenticidad a algo que no lo necesita (una fiesta benéfica en Montecarlo es una fiesta benéfica en Montecarlo, la autenticidad se la dan la asistencia de las princesas, sus hijos legítimos, el príncipe y su novia).

 
Invitación del Baile de la Rosa.
© JUAN GATTI
 
 
 
 
 

El Baile de la Rosa tiene su propia identidad, pero si este año han decidido inspirarlo en la Movida Madrileña, y ya que voy a estar presente, me he encargado de la invitación y de sugerir que la parte musical más importante corra a cargo de Fangoria. Más Movida, imposible, Fangoria adornados por la compañía siempre chispeante de las Nancys Rubias. Del diseño de la invitación se hizo cargo Juan Gatti, él también hizo la foto. No hubo que darle ninguna indicación. Juan Gatti es el espíritu vivo del diseño gráfico de los 80 (y el de las tres décadas siguientes, hasta hoy).


Me voy pa Mónaco!
© Pedro Almodóvar

Aquí muestro algunas fotos del making of de la foto de la invitación (hoy día todo tiene su making of, su documento gráfico. No se sabe lo que puede interesar dentro de 20 años en e-Bay. Es el signo de los nuevos tiempos. Todo el mundo tiene su propia línea de ropa, su perfume y sus millones de fotos. Puedes estar muriéndote de hambre, que tu carrera esté en franco declive, pero diseñar ropa, tener tu propio perfume y disponer de un generoso banco de fotos "sobre ti mismo" equivale en la actualidad a saber las cuatro reglas, en los años cincuenta).

 
 
 
 

PROBLEMAS DE IMAGEN

Bibiana Fernández llegó atacada a la sesión de fotos. A partir de ahora la llamaré Libiana Fernández (incluso "Liviana Vital" como una marca de agua con rico sabor a limón), por su extrema delgadez de la que cruelmente hace gala ante Alaska y un servidor, esclavos de la dieta de por vida. Libiana llegó atacada porque además del ansia que le provoca (aunque ella lo niegue) no haber comido más de 200 gramos de pechuga de pavo en las últimas semanas , no se había sentido segura del "modelo" para hacerse la foto, hasta media hora antes de llegar al estudio. Un Dior con generosa falda de volantes en cascada, color carne-rosa-pálido, la salvó de la tragedia.


Frenesí en el camerino I.
© Pedro Almodóvar
 

Frenesí en el camerino II.
© Pedro Almodóvar

Alaska y su marido, Mario Vaquerizo, pasan la mitad de su vida sobre un escenario, por lo que actitud y modelos no les faltan. Yo era el único huérfano, en cuanto al look adecuado. Había que dar una imagen "movideña" y yo ya no tengo cuerpo para volver a la bata de guata, las medias de rejilla y el plataformón. No tengo prejuicios al respecto, pero hace años que no dispongo del físico que ampare un look más o menos "movideño". He pasado de los cincuenta y hace tiempo que me retiré de escenarios, pasarelas y cuartos traseros de los bares. Algo dentro de mí me impide vestirme de mamarracha, como cuando

 
 
 
 

actuaba con Fabio a principio de los 80. Y no es que me falte desparpajo. Para nada. Pero los años no han pasado en balde, quiero decir que yo soy de los que se dan por aludidos por el paso del tiempo. Estos últimos 25 años me han convertido en un caballero, a mi pesar. No he podido evitarlo. Pedí disculpas a mis compañeros de foto por lo convencional de mi atuendo (un siempre resultón tuxedo de Armani), para mi tranquilidad Alaska apoyó mi elección. Después de los 50, me dijo, o te conviertes en un señor o en un "cuadro".


Strike the pose! Vogue!
© Pedro Almodóvar
 

Lío en el plató.
© Pedro Almodóvar

Y si lo dice Alaska tiene razón, en estas cuestiones ella lleva 35 años teniendo razón.

 

 
 
 
 

JEANNE M.

En Febrero, la Cinemateca de París tuvo la buena idea de hacerle un homenaje a Jeanne Moreau, exhibiendo sus mejores 50 películas. Hace falta disponer de una trayectoria descomunal para poder seleccionar 50 películas! Moreau dispone ampliamente de esa filmografía y de mucho más. El director de la Cinemateca, Serge Toubiana, me llamó para que me uniera al homenaje.


© Pedro Almodóvar

Para mí siempre será un honor estar en un lugar donde se homenajee a esta mujer. Jeanne Moreau me ha obsesionado desde que era niño. En mi adolescencia, cuando estudiaba bachillerato en Cáceres, ví "La noche" de Antonioni, y aunque parezca una extravagancia, yo creí conmocionado que la película hablaba de mí. Que el tedio que pesaba sobre la pareja Mastroianni- Moreau era mi tedio, mi tedio provinciano. La incomunicación y el tedio de esos sofisticados burgueses milaneses, por lejanos que parecieran, los sentía como míos, aunque yo no fuera milanés, ni burgués ni sofisticado, sino sólo un niño manchego frustrado y a la espera de la primera oportunidad para salir huyendo.

 

 
 
 
 

En el acto me encontré con Juliette Binoche, cada día más sólida como actriz y como mujer, da la impresión de que no ha vivido en vano un sólo día de su vida. Llegó con las rodillas llenas de rasguños y sin medias, como si acabara de ser arrastrada por el suelo, en una pelea, o se hubiera herido rodando una escena. Unas simples medias habrían tapado los rasguños, pero ella prefirió no ocultarlos. Y la admiré por eso. Su falta de pudor, además de un misterio, eran un síntoma de independencia y de solidez moral. Estaba allí porque acababa de rodar con Jeanne Moreau a las órdenes de Amos Gitai y porque naturalmente, como todos los presentes, la admira y la quiere.


© Pedro Almodóvar


Yo había preparado un pequeño discurso y cuando entré en el escenario me di cuenta de que no era necesario, allí estaba Jeanne con una sonrisa ilimitada y esos ojos tan llenos de vida e inteligencia, hubiera bastado decirle "Jeanne, je t’aime" pero yo llevaba algo en el bolsillo y tenía que leerlo, no había imaginado que mientras lo leía iba a tener al lado, cogida de mi brazo a la propia Jeanne, sintiendo su respiración sobre mi hombro.

Adoro las fotos con Jeanne en el escenario, su complicidad y su cariño, sólo hay cuatro personas que pueden disponer de mí a cualquier hora del día y de la noche, en la salud y en la enfermedad, en cualquier día de mi vida. Esas cuatro personas son, por orden alfabético, Chavela Vargas, Pina Baush, Jeanne Moreau y Misha Barisnikov (además de mi familia, claro).

 
 
 
 

DISCURSO EN HONOR DE JEANNE MOREAU

"En la presentación del 50 aniversario del Festival de Cannes, Jeanne Moreau aparecía en el escenario, vestida con un traje de clown de lentejuelas, diseñado por John Galliano, un traje difícil de llevar pero que Jeanne, con su inmensa personalidad, conseguía multiplicar su efecto. Era la encargada de leer una larga lista de nombres, títulos y fechas (las de los 30 Palmas de Oro vivas y allí presentes). Un trabajo muy árido para una actriz.

 

© Pedro Almodóvar

Jeanne consiguió que aquel texto, compuesto exclusivamente por nombres, apellidos, títulos y fechas sonara como uno de los monólogos más emocionantes que yo haya contemplado sobre un escenario.

Nunca lo olvidaré.


Juliette Binoche, Pedro Almodóvar, Jeanne Moreau y la ministra de cultura francesa Christine Albanel.
© Pedro Almodóvar
 
 
 
 

Descubrí a Jeanne Moreau cuando era adolescente en "Moderato Cantabile" y desde entonces estoy obsesionado con ella, con su voz, su misterio, su modo de caminar, sus ojos, su boca, su modo de hablar, de cantar y de callar.

Es una actriz superdotada para dar verosimilitud y hondura a todo lo que hace, pero posee además algo muy profundo y misterioso, algo imposible de definir porque es absolutamente personal.

No voy a glosar la grandeza de Jeanne, porque me parece evidente, pero me gustaría mencionar tres pequeños episodios que demuestran que la dimensión épica de Moreau se ajusta también a las simples cosas de la vida.

En una interesante y divertida entrevista de Marguerite Duras, a propósito de la génesis de "Natalie Granger", Duras explica que eligió a Jeanne porque era la mujer que mejor recogía las migas de pan que quedaban sobre la mesa, después de una comida.
Es una declaración bastante cómica pero para mí fue muy reveladora. Duras quería decir que Jeanne está también dotada para llevar a cabo las acciones más simples y cotidianas con absoluta naturalidad y con gracia.

Hace cuatro o cinco años quedé con ella en el hotel donde me hospedaba. La esperaba en el bar. Cuando ella apareció por la puerta, el pianista, muy avispado, empezó a tocar "Le tourbillon de la vie", mientras ella me divisaba a lo lejos, y venía hacia mí sonriendo. Yo me puse de pie, y nos abrazamos. Para mí aquel fue un momento de absoluta felicidad. Si tuviera que rodar un episodio para la segunda parte de "Paris, je t’aime" elegiría este momento.

Otro gesto de Jeanne, y ya termino. Fue en el funeral de su gran amigo Louis Malle. Lo ví en televisión. Las imágenes mostraban a multitud de amigos célebres que se acercaban a despedir o acompañar el coche fúnebre. No lo recuerdo con exactitud, lo que sí recuerdo eran las coronas de flores, había muchas, con largas dedicatorias en sus bandas. Me llamó la atención una corona en cuya banda solo habían escritas dos

 
 
 
 

palabras. Estas palabras, que me emocionaron mucho, por su explícita sencillez eran: De Jeanne. Sólo esto.

Esta noche estoy muy contento de estar aquí, y me siento muy orgulloso de ser amigo de Jeanne."

Fin del discurso. Besos, fotos y abrazos.


LOS ABRAZOS ETERNOS

El otro día volví a ver "Ascensor para el cadalso", una de las primeras películas de Louis Malle y Jeanne Moreau. La originalidad de la película y su aroma romántico y desesperado siguen intactos después de medio siglo.

Al final, cuando los personajes de Moreau y su desafortunado amante Maurice Ronet están acorralados, condenados a vivir en cárceles distintas, aparecen unas fotos de la pareja en sus buenos momentos, abrazados. La voz en off de Jeanne Moreau habla de esos abrazos fotografiados como algo eterno, algo que nadie podrá romper y permanecerá para siempre, mientras ella se consumirá en la cárcel.

De ese tipo de abrazos habla mi próxima película, "los abrazos rotos".

Hasta la próxima.

Pedro Almodóvar